¡El Resucitado y YO!

“Entonces les dice Jesús: No tengan miedo. Vayan y avisen a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.” (Mateo 28:10)

Para los cristianos el domingo de Pascua, es el día más importante del calendario litúrgico. Porque creemos que la Resurrección de Jesús lo cambio todo. La palabra tan especial pronunciada el domingo de Pascua es “Aleluya” esta viene de dos palabras hebreas que significan “alabanza al Señor.” Esta palabra expresa el gozo y la felicidad que cada persona siente por la Resurrección de Jesús. Imaginémonos caminando al lado de María Magdalena y de la otra María el domingo de Pascua tempranito en la mañana. Ellas iban ansiosas hasta la tumba, donde supuestamente iban a encontrar el cuerpo sin vida de Jesús. Las dos deseaban completar la preparación de su cuerpo de acuerdo al rito judío de aquel tiempo. (Esto consistía en la unción de especias aromáticas para disminuir el mal olor. Estas mujeres asumían que el cuerpo de Jesús se iba a descomponer con el tiempo y estas especias ayudarían a la conservación de sus huesos).

Las dos estaban confundidas y desanimadas por todo lo acontecido, su maestro y amigo Jesús de Nazaret, que tenía una visión nueva, una compasión sin límites, pero que había sido ejecutado como un criminal y muerto en la cruz. Ellas hubieran deseado que el Reino de Dios hubiera sido grande y que Jesús con su sabiduría hubiera triunfado sobre sus enemigos. Pero todo había terminado tan rápido y tan cruel que ya no había salida El estaba muerto.

¿Cómo le has respondido a Jesús en está Pascua? ¿Has estado desanimado y confundido alguna vez en tu vida? Ahora imagínate como estaban ellas.

Y lo peor aún estaba por suceder, llegaron a la tumba…y estaba vacía. ¡Que sorpresa tan cruel! Ellas querían por lo menos ver, tocar, tener su cuerpo y llorarlo. Me imagino, que se vieron una a la otra y sorprendidas se dijeron.

“Estamos en la tumba equivocada”. ¿Qué hacer ahora, a dónde ir? ¿A quién preguntar?

Y hasta pensaron que se habían robado el cuerpo. Estaban en todo esto cuando el Ángel les dijo.

“No tengan miedo, pues sé que buscan a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho.”

Lo sorprendente, lo espectacular y la milagrosa explicación fue que Dios lo había resucitado de la muerte.” El eco de la voz del Ángel “no tengas miedo” era el mismo eco de las palabras del Ángel que había sacado de dudas a José, cuando Jesús fue concebido en el seno de María. Ahora sacaba a las mujeres de la duda y del miedo al saber que Jesús salió de la tumba resucitado.

Las palabras “no tengan miedo” que ellas escucharon aquella mañana, son las mismas que Jesús nos dice ahora. Y nos invita a sentir esperanza y alivio al saber que El sigue vivo entre nosotros. Por lo tanto, estamos invitados en esta Pascua a creer en Jesús y a llevar las buena nueva de su amor a todas las personas que están a nuestro alrededor.

La Pascua es un tiempo especial para aceptar la invitación de Jesús a ser discípulos(as), como María Magdalena que es llamada “la apóstol de los apóstoles.” El mensaje de Jesús es el mismo entonces y ahora. Nuestro reto es el de no hacernos sordos a este mensaje y comprometernos con algo que nos lleve a mejorar nuestras actitudes.

Todos sabemos que hay muchos problemas en el mundo, en nuestro país, en nuestra Iglesia, en nuestra familia, en fin en la sociedad y que no podemos resolverlos de la noche a la mañana. Pero todos sabemos también que Jesús nos invita a luchar con esperanza y a no tener miedo a comprometernos por un mundo donde reine la justicia y el amor.

¿Cuál es nuestra respuesta a las palabras de “no tengas miedo”? ¿Qué podemos imitar de María Magdalena y de la otra María?

“NO TENGAN MIEDO”. ¡Felices Pascuas de Resurrección a todos(as) las catequistas que aman al Señor!

Vital@dsj.org

2015 © Lupita Vital.  Todos Derechos Reservados.

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About Lupita Vital

Lupita Vital es la Directora del Apostolado Hispano de la Diócesis de San Jose, California. Originaria de Guadalara, Jalisco en México, Lupita ha sido parte de esta diócesis por más de 25 años. Ha trabajado en los ministerios catequéticos y litúrgicos a nivel parroquial y diocesano compartiendo su experiencia con las diócesis de México y a través de los Estados Unidos.

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